
La Filosofía es un saber del hombre, argumental, radical, crítico, interdisciplinar, de segundo orden, histórico y de la totalidad.
- Del hombre. En primer lugar, como Filosofía mundana, hay una exigencia y una urgencia permanente de la razón de cualquier ser humano por dar respuesta a una serie de preguntas constituyentes que sirven de fundamento a todas las demás.
- Argumental. Sus herramientas son los conceptos, las proposiciones y los razonamientos. Es, por tanto, un saber racional. Trata de construir sus concepciones mediante argumentos y no mediante narraciones, rituales, liturgias o reglas técnicas.
- Radical. Busca las raíces últimas de los temas y problemas. Su proyecto es la penetración o comprensión del sentido último de la realidad y de sus ámbitos, por contraposición a la explicación causal fenoménica de las ciencias.
- Crítico. La Filosofía es un saber crítico en un doble sentido:
- Interno, en cuanto se trata de un saber continuamente abierto a la revisión de sus propios supuestos teóricos (concepto de razón, criterio de verdad y método) y sus teorías.
- Externo, en cuanto tiene una función crítica respecto de las creencias, ideologías, códigos morales, conocimientos científicos, sobre los que se sustenta el edificio normativo y el saber de una cultura.
- Interdisciplinar. Sus reflexiones no pueden modelarse sino en consulta permanente con el resto de las ciencias experimentales y formales, especialmente con las ciencias humanas o sociales, y también con el resto de las humanidades.
- De segundo orden. A partir de la gran Revolución Científica del Renacimiento, Ciencia y Filosofía se separan definitivamente como formas del saber diferenciadas en cuanto a su concepto de razón, criterio de verdad y método. De ahora en adelante, la Filosofía no es un saber autónomo y sustantivo, ni siquiera en su dimensión metafísica u ontológica. Deberá construirse necesariamente sobre la base de y en permanente diálogo con otros saberes previos, sobre los cuales ejerce su propia actividad.
- Histórico. Su carácter argumental, radical, crítico, interdisciplinar y de segundo orden, implica que la Filosofía es una actividad abierta. Esto quiere decir que es un quehacer que se va concretando, creciendo continuamente, mediante la tensión constante y la confrontación histórica en torno a sus distintos núcleos constituyentes y a los temas y problemas que tales núcleos conllevan.
- De la totalidad. La Filosofía es un saber de la totalidad en un doble sentido:
- Toda la realidad, todos los seres o entes por insignificantes que nos parezcan caen bajo su atenta mirada desveladora (imperativo de pantonomía).
- Inversamente, su objeto de estudio se centra en los grandes bloques constituyentes de la experiencia humana: el conocimiento, la realidad, el hombre, la acción, y la sociedad.

La unidad del saber filosófico hay que buscarla tan sólo en la presencia permanente a lo largo de toda la Historia de la Filosofía de los grandes bloques constituyentes de la experiencia filosófica (hombre, conocimiento, acción, sociedad, Estado). Los pensadores, corrientes y escuelas filosóficas son el principal elemento compositivo de la Historia de la Filosofía.
Cada pensador, corriente o escuela consta a su vez, de:
- Unos supuestos teóricos propios que incluyen un concepto genérico de razón, que da nombre al sistema filosófico, un criterio de verdad y un método.
- Unas construcciones ideacionales o teorías originales sobre los temas y los problemas vinculados a los grandes núcleos constituyentes.
En sentido kantiano, las preguntas permanentes de la Filosofía, en tanto "que ciencia de la relación de todos los conocimientos a los fines esenciales de la razón humana”, son:
¿Qué puedo conocer? Trata sobre el alcance y límites del conocimiento humano.
¿Qué debo hacer? Trata sobre la orientación de los valores, normas y principios de la acción humana en general.
¿Qué me cabe esperar? Trata sobre el destino último del hombre.
¿Qué es el hombre? Síntesis que unifica y da sentido a todas las anteriores preguntas.
Los grandes núcleos o bloques constituyentes de la totalidad de la experiencia humana, en continuidad, desde una visión actualizada, con el planteamiento permanente de las cuatro grandes preguntas kantianas, son:
- El conocimiento humano. Problema epistemológico
- La realidad. Problema ontológico.
- El hombre. Problema antropológico.
- La acción. Problema ético y estético.
- La sociedad. Problema social y político.
Desde un punto de vista epistemológico (reflexión sobre el conocimiento humano, sobre su alcance y límites), la contraposición entre Ciencia y Filosofía debiera ser analizada desde otra todavía más genérica: la contraposición entre las dos formas elementales del conocimiento humano, el conocimiento objetivo y el conocimiento subjetivo.El conocimiento subjetivo tiene las siguientes particularidades.
- Eidético y axiológico. No se refiere a hechos, sino a ideas y valores (abstracciones mentales).
- Polisémico. Un término, concepto o definición adquiere un significado diferente según el pensador, corriente o escuela de que se trate.
- Plural. Pueden coexistir, sin problemas lógicos ni metodológicos, teorías alternativas sobre un mismo tema o problema.
- Inconmensurable. Con frecuencia, las diferencias en el lenguaje teórico y observacional impiden que puedan compararse los resultados de teorías alternativas sobre un mismo tema o problema.
- Discontinuo. No se puede hablar, en sentido estricto, de avance o progreso en los conocimientos obtenidos.
- Conjetural. Al tratarse de ideas y valores no es posible utilizar procedimientos decisorios de contrastación empírica, sólo aplicables a hechos positivos.
El grado más alto de conocimiento objetivo es, evidentemente, la Ciencia. El grado más alto de conocimiento subjetivo es el Arte. La Filosofía, más afín al cocimieno subjetivo, se sitúa en un lugar intermedio y fronterizo y entre la ciencia y el arte, así como en permanente diálogo con una y otro.